El señor de Chikindzonot, por Lourdes Cruz
Él no lo sabe, pero “el señor de Chikindzonot” tiene muchos años acompañándome.
Soy de la generación de cancunenses adoptados que tuvo que salir de la ciudad para estudiar otra cosa que no fuera turismo o administración de empresas turísticas.
Llegué al Instituto de Ciencias Sociales de Mérida A.C. y ahí me topé con el que fue uno de mis más grandes dolores de cabeza, pero también uno de mis grandes maestros en el periodismo, Joaquín Tamayo.
Sus locas ideas de “tareas” me llevaron a conocer muchos pueblos de Yucatán, viajaba en camión y hasta en combi para ir a esos lugares donde “las leyendas dicen que sólo hay personas muy altas y de ojos claros…”, muchas veces iba sola pero jamás sentí miedo, en mi mochila tenía todo lo que necesitaba: mi libreta, una cámara muy viejita pero funcional, -de rollo, por supuesto-, agua y un poco de comida.
El viaje no era problema, encontrar historias tampoco, el verdadero reto era lograr escribir algo que fuera atractivo para “el señor de Chikindzonot”, si él no se interesaba por la nota, de nada valía todo el trabajo.
Había que contar las cosas de tal forma que “el señor de Chikindzonot” no se quedará con dudas, sino con ganas de leer más.
Tenía que hacer que “el señor de Chikindzonot” pudiera “sentir la fuerte caricia de las gotas”, sin que el texto dijera que llovía a cántaros.
Mis palabras en el papel debían ser tan claras y con el lenguaje bien empleado, para que me pudiera entender la persona que vive en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y por supuesto, “el señor de Chikindzonot”.
En todas las lecciones básicas de periodismo estaba presente “el señor de Chikindzonot”, debía entenderlo, ganarme su confianza, respetarlo, darle voz a sus palabras …
Ahora que termino la nota de los 6 cuerpos encontrados en un camino de terracería en la comisaría de Chan Chichimilá, en el municipio de Chikindzonot y que podrían ser parte del grupo de trabajadores secuestrados en Xkalak, me vinieron a la mente una lluvia de preguntas:
¿Será que “el señor de Chikindzonot” pueda entender lo que pasó en su pueblo?
¿Será que “el señor de Chikindzonot” olvide algún día esas imágenes de terror?
¿Será este un caso aislado o es que “el señor de Chikindzonot” sufrirá también por el “efecto cucaracha que se expande a Yucatán de manera ya no tan silenciosa”?





