Carlos Paz, leyenda de los Leones que dejó huella en el beisbol mexicano
Mérida, 3 de julio (InZoom.Mx).- Adoptado por Yucatán y admirado por la afición como uno de los grandes íconos del beisbol local, Carlos Paz es recordado como mucho más que un pelotero: fue un maestro del diamante, un estratega entregado y un símbolo de perseverancia para los Leones de Yucatán.
Nacido el 7 de abril de 1942 en Regla, Cuba, Paz llegó al beisbol profesional a los 18 años, debutando en 1960 con los Daytona Beach Islanders, sucursal de los Cardenales de San Luis. Aunque inició como jugador de cuadro, su versatilidad lo llevó años más tarde a reinventarse como lanzador, dejando huella tanto con el guante como desde la lomita.
En 1973, Carlos Paz llegó a la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) para vestir la franela de los Leones de Yucatán. Ese año, alternó entre el montículo y la caja de bateo, dejando números sólidos y mostrando una entrega inquebrantable: 45 apariciones como pitcher, 12 de ellas como abridor, un récord de 9-14, efectividad de 3.95, y un promedio de bateo de .227.
Su legado apenas comenzaba
Tras su paso por otros equipos como los Broncos de Reynosa, Alijadores de Tampico, Cardenales de Tabasco y Tecolotes de Nuevo Laredo, se retiró en 1977. Su legado, sin embargo, apenas comenzaba.
Ya retirado, Carlos Paz encontró en Yucatán su hogar definitivo. En 1979 se integró a la dirección deportiva de los Leones, bajo la tutela de Plinio Escalante. Ese mismo año debutó como manager, iniciando una carrera que lo llevaría a dirigir al equipo en tres décadas distintas: en 1979, de 1982 a 1987, en 1995 y nuevamente entre 1998 y 1999.
Fue parte crucial en la transición del equipo del histórico Parque Carta Clara al moderno Parque Kukulcán en 1982. Ese año, asumió el cargo de manager en medio de la temporada, llevando a los Leones a su primera postemporada.
Vocación por aprender, por dirigir
“Carlos era muy consciente de sus limitaciones como pelotero, pero siempre mostró una profunda vocación por aprender, por dirigir. Su sueño era hacer carrera en el beisbol mexicano, y lo cumplió”, recordó Plinio Escalante, expresidente de la LMB.
El momento cumbre de su trayectoria llegó en 1984, cuando Carlos Paz condujo a un modesto plantel de Leones hasta conquistar el campeonato de la Liga Mexicana de Beisbol. El equipo, que se coló como cuarto lugar de la Zona Sur, sorprendió al eliminar a los favoritos Diablos Rojos del México, a los Tigres Capitalinos en una dramática serie de siete juegos, y coronarse finalmente ante los Indios de Ciudad Juárez en el Parque Kukulcán.
Un milagro beisbolero
“Ese campeonato fue un milagro beisbolero. Paz sacó lo mejor de cada pelotero. Era un líder con una capacidad única para motivar y conectar con sus jugadores”, coinciden quienes vivieron esa histórica campaña.
Más allá de los números —17 victorias, 103 juegos lanzados, y una efectividad global de 4.25 en la LMB—, Carlos Paz dejó una huella humana y deportiva profunda en Yucatán. Fue mentor, formador y referente para generaciones de peloteros. Su vida estuvo siempre ligada al beisbol y a la tierra que lo adoptó como uno de los suyos.
Hoy, en cada rincón del Parque Kukulcán, su espíritu sigue presente. Carlos Paz no solo dirigió un equipo: construyó una identidad ganadora para los Leones de Yucatán. Una leyenda que vivirá por siempre en la memoria del beisbol mexicano. Descanse en paz.
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