Azul maya, el color que desafía el tiempo
Investigación artesanal de Luis May rescata un pigmento sagrado de la cultura prehispánica
Cancún, 14 de agosto (InZoom.Mx).- El azul maya, color sagrado que resiste al paso del tiempo, vuelve a brillar gracias a la labor de Luis May, escultor y ceramista que desde hace más de dos décadas vive en Cobá, Quintana Roo.
Su investigación, iniciada como una inquietud artística, se convirtió en una cruzada cultural para rescatar un pigmento cuya fórmula estuvo a punto de perderse.
Originario de Yucatán, May llegó a Cobá hace 23 años como docente. A los diez años de dedicarse a la talla de madera, se adentró en la cerámica maya, particularmente en el estilo Puuc, con un objetivo claro: pigmentar sus obras con los mismos colores que usaron los mayas prehispánicos.
El misterio del azul
Su camino lo llevó al pigmento más enigmático y resistente de Mesoamérica. El azul maya combina el índigo extraído de la planta de añil con el mineral paligorskita, en un proceso que fusiona ambos a nivel molecular. Esta unión otorga al pigmento una durabilidad extraordinaria: ni la luz solar, ni el agua, ni los ácidos lo degradan.
Para los antiguos mayas, este color era más que una tonalidad: representaba purificación y estaba asociado al dios de la lluvia, chaac. En tiempos de sequía, se usaba en ofrendas para invocar el agua.
En la cosmovisión maya, el azul y el verde compartían el mismo nombre: yash, símbolo del centro del cosmos.
Investigación empírica y tradición oral
Sin un título científico, May emprendió una búsqueda que combinó la lectura de textos especializados, muchos en inglés, con entrevistas a ancianos de comunidades mayas. De esas charlas y de un constante ensayo y error surgió la fórmula para recrear el azul maya, aplicándola con técnicas de cocción y pigmentación lo más fieles posible a las de la época prehispánica.
Durante 13 años, como responsable de la Casa de la Cultura de Cobá, compartió este conocimiento con niños, jóvenes y adultos, preservando una herencia que él mismo vio desaparecer de la memoria colectiva.
Del taller a los museos
El trabajo de Luis May ha traspasado fronteras. Fue invitado al Museo Británico para exponer su investigación y más recientemente visitó el Museo Regional de la Costa Oriental en Tulum, donde constató la presencia del azul maya en piezas prehispánicas. Con las autoridades del recinto se exploran talleres y exposiciones para acercar este legado al público.
“Mi intención es que la gente valore las piezas más allá de su belleza. Detrás de ese azul hay historia, ciencia y espiritualidad. Es la voz de nuestros ancestros”, afirma.
Patrimonio vivo
Hoy, el azul maya puede admirarse en sitios arqueológicos como Cobá, Tulum, Chichén Itzá y, con mayor fuerza, en los murales de Bonampak, Chiapas. Luis May busca que este pigmento no solo se contemple en vestigios antiguos, sino que vuelva a ser parte de la producción artística contemporánea.
Su trabajo y piezas pueden conocerse en redes sociales, donde se le encuentra como Luis May en Facebook y lmma y ku en Instagram. También, mediante búsquedas en línea con su nombre y el término “azul maya”, es posible acceder a la historia de un artista que ha hecho del rescate cultural su mayor obra.
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